jueves, 1 de marzo de 2012

"Las Reglas del Diablo"

EL código de los piratas: ¿Mito o realidad?


Por
José A. Mármol Martínez
Manuel Muñoz Viñegla



INTRODUCCIÓN.

En la actualidad, debido a la influencia de la literatura y del cine, el código de los piratas es considerado como un código de conducta común a todos los piratas. Sería una especie de código de honor entre ladrones, supuestamente redactado por los piratas Bartholomew y Morgan, siendo el primero el autor de la parte "teórica" del código y Morgan de la parte "práctica" debido a los duros castigos que imponía en sus expediciones.

Sin embargo, no existe tal cosa. En realidad no había un código único sino que cada capitán, cada banda o barco, poseía su propio código de conducta visto como una serie de normas para la convivencia y servicios en la empresa, y la implicación de Bartholomew y Morgan como autores del código universal mítico se debe a que fueron los primeros en redactar uno para su barco. A decir verdad, el Código era algo más que unas simples normas de trabajo: era la Constitución del Estado que representaba el barco y su capitán.


EL PIRATA.

Antes de hablar del código, debemos saber que tipo de gente componía estas bandas piratas. ¿Quién era pirata?.

Eran gentes con bajos recursos así como delincuentes, vagabundos, desertores, etc. Los "novatos" que se enrolaban en un barco pirata aprendían el oficio de manera experimental, bajo la sombra de algún maestro pirata, que le enseñaba el manejo del barco, de la artillería, las costumbres entre la tripulación, las rutas, los obstáculos climatológicos, castigos crueles, leyes exóticas, y el código del barco. Finalmente se les asignaba también una parte del botín.

Un pirata se hacía pirata por necesidad o porque su barco había sido asaltado y tenía que elegir entre hundirse con él o unirse a la tripulación asaltante.

Los marineros podían o no ascender en la jerarquía del barco o de la banda dependiendo de sus capacidades como la astucia, el conocimiento, y el espíritu, es decir, de su nivel de adaptación al mundo que le rodeaba y cual eran sus capacidades de aventurero intrépido.

La única condición del capitán para mantener el prestigio era tener éxito en las expediciones. Si fracasaba era depuesto. Si triunfaba mucho se convertía en una leyenda.

Para los piratas no había respeto alguno por ninguna bandera, barco que veían, barco que asaltaban. El mejor momento de un pirata era volver a su guarida tras un golpe exitoso. Sin embargo, a pesar de sus códigos particulares, el comportamiento de los piratas era igual que el de las restantes gentes del mar.


EL CÓDIGO.

Hay tres momentos clave en la historia de una expedición filibustera. La primera, la búsqueda de una tripulación, unos hombres dispuestos a dar la vida por la empresa. La segunda, estipular el reparto del botín. Y la tercera, la redacción de la llamada "Chartie Partie" o código de conducta a bordo, el cual dio lugar al mito del código de los piratas. En esta etapa se buscan las naves, se embarca a la tripulación definitiva y se hace "oficial" la expedición. La "Chartie Partie" es promulgada por el capitán, y aprobada por todos en el inicio de la aventura, que supone una puesta por escrito del código antes estipulado verbalmente. En esa acta se define el reparto del botín, los castigos, las acciones censurables y sus consecuencias.

Después de la búsqueda de la tripulación, y de haber concluido un bosquejo de la "Chartie Partie" definitiva, se va gestando el código que reglamentará la vida en el barco y el comportamiento durante la aventura. En esta segunda reunión, la base de los marineros definen lo más importante: la parte del botín que se llevará cada uno.

En ella se dan unos parámetros comunes a todos los barcos, como que no todos recibían el mismo botín. La empresa filibustera era comunitaria y capitalista. El capitalismo se ve en el reparto del botín donde cada uno recibe en consonancia con lo que ha aportado. Una parte del botín debía ir al monarca que había dado la patente de corso, normalmente un 10%,pago obligado por el capitán. No gustaba entre los tripulantes.

Otra parte equivalente era para el capitán. En ocasiones, en virtud de su grado de capitán, se auto adjudicaba alguna parte más del botín. Entre los gastos comunales los más ocurrentes eran el sueldo del carpintero y del cirujano, al que se le pagaba más porque tenía que pagar los medicamentos de su bolsillo.

El resto del botín se dividía en partes y se repartía de la siguiente forma: media parte para los aprendices; una parte para cada marinero; dos para el capitán (además de los otros beneficios que ya obtenía); y otras dos para el contramaestre. Si el capitán ponía el barco a la causa recibía otras cinco o seis partes adicionales. En algunos casos repartían otras partes del botín a la Iglesia para que rezaran por sus almas o a otras instituciones.

Del botín se estima que entre 100-150 pesos eran para el sueldo del carpintero, 200-250 para el cirujano, y había una especie de indemnización a los mutilados que comprendía pagos según el miembro perdido: 600 pesos por un brazo derecho, 500 por un izquierdo; 500 por la pierna derecha, 400 por la pierna izquierda; y 100 por un ojo. A veces aumentaban las indemnizaciones como incentivo (como hizo Morgan para aumentar el arrojo de su tripulación en el ataque a Panamá). En cuanto a las provisiones, que normalmente eran robadas, se llevaban a bordo y se repartían de manera igualitaria.

Una vez definido el reparto del botín, y de haber pasado por conseguir las naves y el embarque de la tripulación, se pone por escrito el código de conducta. En el momento de salir, entre todos los implicados redactan el “Chartie Partie” comprometiéndose a obedecer al capitán y a las dichas normas. En el puente de cada barco cada marinero jura ante un vaso de ron y una Biblia (o crucifijo o hacha de abordaje, a falta de Biblia). Lo único imprescindible era el vaso de ron. Esta "Chartie Partie" era una especie de acta de la reunión donde se reflejaba su lugar y fecha, el nombre del barco, objetivos de la empresa y relación de fraternidad entre la tripulación, la forma de repartir el botín y la obediencia a los jefes. Estos marineros la juran con una mano en el vaso de ron y otra en la Biblia, firmando el documento con su nombre o con una cruz. A este juramente se pueden unir otros: luchar hasta morir, no ocultar ninguna parte del botín, etc.


QUEBRANTAMIENTO DEL CÓDIGO.

Antes de partir, el capitán leía en voz alta para toda la tripulación la "Chartie Partie". Quedaban todos advertidos ante el quebrantamiento del código.

Como ya hemos dicho, no todos los códigos eran iguales, pero normalmente se consideraban delitos graves la ocultación de parte del botín, el robo a los compañeros, hacer trampa en el juego, desertar en un momento importante, matar a un hermano o no tener las armas listas en el momento del abordaje. Otros menos graves podían ser fumar cuando estaba prohibido, pelear con un compañero o forzar a una mujer honesta.

Los delitos eran castigados por el contramaestre o por el capitán. Era frecuente que el capitán tomara la autoridad judicial en el barco, aunque otras veces podían ser juzgados por la (¿anárquica?) justicia de Tortuga (o Jamaica) a cargo de la Cofradía de los Hermanos de la Costa, que era una asociación de filibusteros que buscaba garantizar el libre ejercicio independiente de la piratería por sus asociados dirigido por un Consejo de Ancianos cuya misión era conservar la pureza del espíritu libertario y decidir la admisión de nuevos hermanos. Esta Cofradía actuaba como una corporativa de la piratería: poseía sus propios barcos y realizaba sus propias acciones delictivas.

Usualmente el homicida era arrojado al mar atado a su víctima y otras veces se le dejaba en un islote rocoso para que se ahogase cuando subiera la marea. Si el delito no era muy grave, se le dejaba en territorio español con una botella de agua, algo de pólvora y un arma pequeña con municiones, dejándolo a su suerte ("Maroon"). Otros castigos menores eran privación de la parte del botín, el paso por la quilla, obligación de subir al palo mayor con mal tiempo, y los latigazos (que no era usual). Para las rencillas entre miembros de la tripulación, se hacían duelos a sable o a pistola, comúnmente hasta que uno de ellos resultaba herido.

En cuanto a los prisioneros que podrían coger en sus expediciones, el código no estipulaba ninguna conducta específica, aunque los capitanes recurrían a costumbres tradicionales basadas en la extorsión y la crueldad, tales como pedir rescates, tortura para que confesaran donde estaban sus tesoros (les cortaban la lengua si no confesaban) o castigos corporales como amputación de miembros.


CONCLUSIONES.

En conclusión, queda clara la mitificación de algunos aspectos del Código, así como de la vida del pirata, que producen la literatura y el cine y que afectan a la concepción que se tiene de su realidad histórica. Sin embargo los códigos tampoco eran simples directrices que uno podía saltarse, sino que representaban una Constitución si consideramos el barco como un Estado, el capitán como el jefe del mismo, y los marineros como sus súbditos, los cuales tienen la legitimidad de derrocar al jefe si consideran que no actúa correctamente en su labor, concepción parecida a la expresada por Thomas Hobbes en su obra Leviatán. Así pues, queda clara la relación de unos hombres cuya máxima es la búsqueda de la libertad absoluta, entrando inevitablemente en una visión que, por su época coetánea, está cercana a los regímenes absolutistas, ya que en la época no se concibe un Estado sin una cabeza que lo dirija.

En definitiva, el Código es la consecución de un Estado basado en la libertad absoluta, sobreviviente a los parámetros sociales de una sociedad que expulsó a estos hombres para dejarlos en una vida que, como el mar, tiene sus momentos de tensa calma, de mareas estruendosas, y de infinita quietud y placer.


BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA.


Fuente:
EXQUEMELIN, A. O. Piratas de América, Edición Manuel Nogueira Bermejillo, Ed. Dastin, Madrid, 2002.

Bibliografía:
LUCENA SALMORAL, M. Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros. Ed. Síntesis, Madrid, 2005.
ABELLA, R. Los Halcones del Mar, Ed. Martínez Roca, S.A, Barcelona, 1999.
PÉREZ VALENZUELA, P. Historias de Piratas, Ed. Educa, San José, 1977.



miércoles, 29 de febrero de 2012

Resumen del artículo.

Si hay algún tema estrella en el mundo de la cultura en los últimos tiempos, ese es sin duda la piratería, género que gracias a algunas obras se ha visto renovado alejándose de la posición en torno al cine infantil que lo había encasillado en los últimos años. Ello ha supuesto una serie de licencias que no concuerdan con la realidad histórica. Y el legendario Código pirata (representado como un pacto de honor entre ladrones y tramposos) se nos presenta con una visión que no deja de ser atractiva, con un aire romántico y épico alrededor. ¿Verdad histórica o mito difundido por la literatura y el Cine?.


El pirata, que actuaba como parte de una banda dirigida por un maestre que capitaneaba el barco, se regía por un Código que regulaba temas como el reparto del botín, los actos punibles, castigos, etc. Este Código era semejante a una Constitución donde el capitán era el monarca, el barco el Estado y la tripulación los súbditos que apoyaban las leyes o abolían todo signo de ellas. ¿Era este Código universal a todos los piratas, o era cada capitán el que imponía sus normas individualmente?.


Aunque no haya datos que prueben la existencia de un Código de conducta universal para todos los piratas, si que existía una organización conocida como la “Cofradía de los Hermanos de la Costa”, cuyos miembros si tenían algunas normas comunes a la manera más tradicional de un Tribunal, pirata. 

El artículo completo aquí

martes, 21 de febrero de 2012

El Código visto en el Cine.

Lo vemos en la saga de películas "Pirates of the Caribbean" que ha supuesto una renovación en un género que se había encasillado (a pesar de su crueldad y oscuridad) en torno al cine infantil. Dejamos, así pues, a Jim Hawkins y Long John Silver y nos centramos en Jack Sparrow, Héctor Barbossa, y... el Capitán Teague (encarnado por Keith Richards)que es el pseudo guardián del Código. En la película (POTC 3) nos presentan un Código no demasiado alejado de la realidad, pero con los temibles piratas Morgan y Bartholomew como autores de un mamotreto que dudosamente pensamos que existiera entre los piratas alejados de la Cofradía de los Hermanos de la Costa. Alguna cosa destacable es la reacción ante un posible incumplimiento del Código, carácter que si puede que fuera real, por el bien de piratas a la sombra de feroces capitanes y maestres.

Disfrutad con la escena, no tiene desperdicio. Haciendo honor a ella, destacamos la frase de Richards, Capitán Teague para los amigos: The Code is the Law.


Hasta el minuto 2:45.


El Código pirata, ¿mito o realidad?.